La construcción del Eco-Abrigo de la UNLaM ya está en su etapa final

Después de más de un año de trabajo, el equipo de la carrera de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) llegó al tramo final de la construcción experimental de un Eco-Abrigo que se instalará dentro del campus y tiene como finalidad embellecer el paisaje con técnicas y materiales de bajo costo. El montaje final está previsto para el comienzo de clases, luego del receso invernal.

Para llevar a cabo el desarrollo, que contó con la colaboración de empresas locales, se realizó una convocatoria abierta a los alumnos de los dos últimos años de carrera, de los cuales fueron seleccionados veinte voluntarios. En tanto, la dirección estuvo a cargo del coordinador Arnoldo Rivkin, junto con la docente Lucía Solari y sus colegas franceses Rémi Rouyer y Sebastien Rinckel, de la Ecole Nationale Supérieure d’Architecture de Nancy.

El Eco-Abrigo de la UNLaM es el prototipo de un refugio confeccionado con elementos constructivos de bajo costo, como policarbonatos, maderas y otros materiales secos, que, en combinación con la colocación de plantas y arbustos, permite embellecer el ambiente y provee protección ante el clima.

“La UNLaM está dando un paso adelante en esto”, destacó Rivkin, ya que desde esta Casa de Altos Estudios se avanzó en la puesta en marcha de un proyecto que, inicialmente, solo se trataba de una colaboración de recursos humanos entre Argentina y Francia. “Buscamos la financiación de los materiales para poder concretarlo y lo hicimos; eso es un plus que tiene este equipo”, agregó Solari.

En tanto, el docente francés Rémi Rouyer explicó que este trabajo no solo forma parte de un proyecto innovador dentro de la Universidad, sino que “puede cambiar la vida de la gente” debido a que suma espacios verdes y mejora los efectos del clima extremo.

En esta última etapa del proyecto, los alumnos reciben los materiales y preparan la estructura en la parte trasera del futuro teatro de la UNLaM. Aunque para ellos no hubo receso invernal y se reúnen todos los días para avanzar con la instalación, aseguran sentirse muy entusiasmados al ver el trabajo casi finalizado.

Jonathan Marzeniuk remarcó que les gustaría “que esta experiencia se replique en las generaciones posteriores de estudiantes, porque es un valor agregado para nuestra carrera”. Su compañera Ludmila Francisco, también, destacó la importancia de estar en contacto con los materiales de trabajo para conocer las modificaciones necesarias durante la construcción y contó que “trabajar en escala real es una forma de fijar mejor los conocimientos, ya que uno tiene que aplicar todo lo aprendido para ver el resultado esperado”.

La iniciativa del Eco-Abrigo se puso en marcha en la UNLaM luego de haber resultado ganador, el año pasado, del Programa Innovart, propuesta de cooperación universitaria entre Argentina y Francia.

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